En el cooperativismo, hablar de educación es hablar de identidad, de conciencia y de transformación. Sin embargo, en muchas cooperativas y organismos de integración, los verdaderos educadores han sido desplazados por áreas de marketing, capacitación técnica o comunicación institucional. El resultado es alarmante: pocas personas preparadas para formar en los principios, la historia y el sentido profundo del cooperativismo.
Este artículo plantea una reflexión urgente: ¿Quién educa a los educadores cooperativos? ¿Quién les da las herramientas pedagógicas, la formación crítica y la ética necesaria para inspirar y transformar? Si no fortalecemos el papel de los educadores, la identidad cooperativa seguirá debilitándose.
Dirigido a dirigentes, formadores y líderes de todos los niveles, el texto invita a repensar la educación como estrategia clave para garantizar la sostenibilidad del modelo. Porque sin formadores comprometidos, no hay educación viva. Y sin educación, no hay cooperativismo real.
En el corazón del cooperativismo hay una promesa poderosa: que otro mundo es posible si lo construimos desde la cooperación, la equidad, la participación y la solidaridad. Pero esa promesa no se sostiene por sí sola. Necesita personas que la encarnen, la expliquen, la transmitan, la defiendan. En una palabra: necesita educadores.
El Quinto Principio Cooperativo habla de la educación, formación e información como un deber permanente de las cooperativas hacia sus miembros, sus dirigentes, sus empleados y hacia la sociedad. Pero ¿quién educa a quienes educan? ¿Quién prepara a esas personas clave que tienen en sus manos el deber de formar conciencia cooperativa?
La respuesta, en muchos casos, es alarmante: nadie o casi nadie.
El eslabón olvidado del movimiento cooperativo
En muchas cooperativas y organismos de integración, el papel del educador ha sido reemplazado, minimizado o simplemente ignorado. Han proliferado los departamentos de mercadotecnia, comunicación institucional, relaciones públicas, capacitación técnica. Todos valiosos, sí, pero que no cumplen con la función educativa transformadora que requiere el cooperativismo.
La consecuencia es grave: hay muy pocos verdaderos educadores cooperativos. Y de los que existen, muchos no han sido formados pedagógicamente, no conocen a fondo la historia del movimiento, no dominan el pensamiento crítico ni cuentan con metodologías activas de aprendizaje. Algunos están convencidos, pero no saben cómo transmitir; otros saben transmitir, pero ya no están convencidos.
Y si el educador no cree, no transmite. Si no entiende, no forma. Si no ha sido educado, no puede educar.
Un rol fundamental para fortalecer la IDENTIDAD cooperativa
En esta serie de artículos publicada cada jueves en 5to-Principio, hemos insistido en que la identidad cooperativa no es un decálogo decorativo. Es una cultura organizacional, una forma de ver el mundo y de actuar en él. Pero esa identidad no se reproduce por decreto ni se preserva por inercia. Se construye todos los días, y se reproduce en cada espacio donde alguien enseña, explica, ejemplifica y cuestiona. Es decir, en cada espacio educativo.
Por eso, los educadores cooperativos no son piezas accesorias. Son guardianes y sembradores de la identidad. Son quienes mantienen viva la memoria del movimiento, quienes traducen los principios a la práctica cotidiana, quienes siembran pensamiento crítico, quienes movilizan conciencia.
Sin educadores bien preparados, el cooperativismo se convierte en una empresa más, con estatutos distintos pero con lógicas iguales al mercado.
¿Por qué casi nadie forma educadores cooperativos?
Esta pregunta debería resonar con fuerza en todas las federaciones, confederaciones y organismos continentales e internacionales de integración y representación del cooperativismo.
Muchos de estos entes de integración se han limitado a funciones de representación política, promoción comercial o capacitación técnica. Pero han abandonado la función formadora, que es parte esencial del mandato cooperativo.
Es común ver que:
No existen programas sistemáticos para formar educadores cooperativos.
Las actividades formativas se reducen a eventos aislados o talleres operativos.
No se cuenta con currículos, materiales o metodologías pedagógicas específicas.
No hay espacios de reflexión sobre el papel político y cultural de la educación.
Se confunde "formar" con "dar charlas".
Mientras tanto, muchos educadores improvisan, reproducen sin cuestionar o se convierten en meros comunicadores institucionales.
Educadores: conciencia pedagógica, formación crítica y ética cooperativa
Un verdadero educador cooperativo no es un animador de eventos ni un operador logístico. Es una persona que:
Comprende el marco histórico y filosófico del movimiento cooperativo.
Tiene formación en pedagogía crítica y metodologías participativas.
Es capaz de adaptar los contenidos al contexto local y al perfil del grupo.
Tiene una posición ética firme, basada en los principios cooperativos.
Sabe cuestionar sin destruir, motivar sin imponer, inspirar sin adoctrinar.
Y sobre todo: está convencido del valor del cooperativismo. Cree profundamente que educar en cooperación es contribuir a la construcción de una sociedad más justa, solidaria y sostenible.
Sin educadores, no hay continuidad ni transformación
Una cooperativa que no forma nuevos educadores está condenada a depender siempre de unos pocos. Y cuando esos pocos se retiran o se cansan, no queda nadie que mantenga viva la chispa.
También se corre el riesgo de caer en la repetición sin sentido: repetir principios sin contexto, valores sin ejemplos, historias sin aprendizaje. La educación se vuelve mecánica, sin alma, sin capacidad de inspirar.
En cambio, cuando una cooperativa apuesta por formar educadores conscientes, preparados y comprometidos, empieza a tejer una red de multiplicadores de identidad. Entonces la cooperación se convierte en cultura viva, en legado compartido, en práctica transformadora.
¿Qué deberían hacer las federaciones y confederaciones?
Crear programas regionales o nacionales de formación de formadores cooperativos, con enfoque crítico, participativo y contextual.
Asignar recursos y presupuesto específico para procesos educativos de mediano y largo plazo.
Aliarse con universidades, centros de pensamiento y pedagogos comprometidos con la educación transformadora.
Reconocer a los educadores como figuras estratégicas, no como personal de apoyo, organizadores de eventos o animadores eventuales.
Incluir indicadores de fortalecimiento de identidad en sus sistemas de seguimiento y evaluación.
Fomentar comunidades de aprendizaje entre educadores, para compartir metodologías, contenidos, dilemas y experiencias.
Y en las cooperativas, ¿Qué pasos son urgentes?
Revisar si realmente existe una estrategia educativa más allá de la capacitación operativa, con presupuesto suficiente.
Identificar a las personas con vocación educativa y brindarles herramientas.
Permitir que los educadores participen en el diseño de procesos institucionales.
Reconocer que la educación cooperativa no es un gasto, sino una inversión en sostenibilidad organizacional.
Priorizar el fortalecimiento de la identidad cooperativa como parte del plan estratégico.
Cierre reflexivo: si no educamos en cooperativismo, otros educarán en su lugar
El mundo está lleno de mensajes. De discursos individualistas, de promesas de éxito rápido, de modelos empresariales que privilegian la rentabilidad sobre el bienestar. Si las cooperativas no generan una narrativa propia, si no forman educadores que transmitan su visión, entonces otros formarán a sus miembros con valores contrarios.
Educar en cooperativismo es resistir. Es proponer. Es construir desde lo colectivo. Y para eso necesitamos educadores preparados, conscientes y convencidos.
No se trata de improvisar ni de seguir haciendo lo mismo. Se trata de renovar la llama. De profesionalizar la esperanza. De darle a la identidad cooperativa el lugar que merece: el centro de todo.
Las cooperativas de base deberían exigir s sus federaciones u organismos de segundo nivel, que retomen la educación cooperativas e instalen las áreas correspondientes, y así sucesivamente los organismos cooperativos deberían exigir lo mismo a los del siguiente nivel, para que se recupere plenamente la esencia e identidad cooperativa en todo el movimiento, a nivel nacional e internacional.
Invitación a la acción:
Si diriges una cooperativa, una federación o una confederación, hazte una sola pregunta: ¿Quién está educando a tus educadores?
Y si la respuesta es "nadie", ya sabes por dónde comenzar.
Porque sin educación no hay cooperativismo. Y sin formadores, no hay educación posible.
🖋️ Este artículo forma parte de la colección original Fortalecer la IDENTIDAD Cooperativa | Conciencia y Acción desarrollada por Ramón Imperial Zúñiga para 5to-Principio.
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Sin educación no hay cooperativismo. Y sin formadores, no hay educación
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